Las invasiones territoriales: los verdaderos propulsores de la evolución de idiomas
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Por Valeria Largaespada
Parte 1
En este artículo hablaremos de la lingua franca: el inglés, ya que en Connectin, un equipo de traductores profesionales del inglés, francés, alemán y español deseamos siempre dar a conocer a nuestros clientes la importancia de los idiomas, su historia, sus orígenes y su aprendizaje.
El inglés es una lengua cuya historia refleja siglos de contacto cultural, invasiones y convivencia entre distintos pueblos. Lejos de ser un idioma homogéneo, su desarrollo estuvo profundamente marcado por las lenguas germánicas, en especial por el nórdico antiguo hablado por los vikingos, así como por el latín y más tarde por el francés normando. En este contexto, resulta fundamental analizar cómo las invasiones vikingas influyeron en la formación del inglés moderno y de manera paralela, cómo los pueblos germánicos también dejaron huella en el desarrollo del francés.

Uno de los aspectos clave para comprender esta evolución es reconocer que el inglés pertenece a la rama germánica occidental de la familia de lenguas indoeuropeas, con un origen que se remonta a más de dos mil años. Dentro de esta misma rama se encuentran idiomas como el alemán y el neerlandés, lo que explica las similitudes estructurales y léxicas que aún pueden observarse entre estas lenguas en la actualidad (Crystal, 2019). Esta base germánica constituye el núcleo sobre el cual se incorporaron posteriormente influencias externas.
El periodo conocido como inglés medio recibe este nombre porque durante esta etapa las estructuras gramaticales del inglés antiguo comenzaron a simplificarse y transformarse debido al contacto prolongado con otras lenguas. Entre los factores más influyentes se encuentran las invasiones vikingas, la conquista normanda de 1066 y la fuerte presencia del latín como lengua de la Iglesia y del conocimiento académico. La convivencia entre hablantes de inglés antiguo y nórdico antiguo en regiones como el Danelaw facilitó un intercambio lingüístico intenso, lo que derivó en la adopción de vocabulario cotidiano y estructuras gramaticales más simples (Baugh & Cable, 2013). Como resultado, el nórdico antiguo aportó al inglés más de dos mil palabras, muchas de ellas aún en uso, como give, take, egg, knife, husband, run y viking.

El origen del idioma inglés se remonta a la llegada a Britania de diversas tribus germánicas alrededor del siglo V d.C., entre ellas los anglos, sajones, jutos y frisios. Estos pueblos, organizados en antiguos reinos germánicos, se asentaron en el territorio tras la retirada del Imperio romano y dieron lugar a lo que hoy se conoce como inglés antiguo. La inclusión de un mapa histórico de Europa permitiría visualizar con mayor claridad el desplazamiento de estas tribus desde el norte y centro del continente hacia las Islas Británicas, facilitando la comprensión del contexto geográfico e histórico de estos movimientos.
Antes de llegar a Britania, estos grupos ya habían incorporado numerosas palabras del latín, producto de su contacto con el Imperio romano, especialmente para designar objetos cotidianos y conceptos prácticos, como camp, cheese, cook, kitchen, street y wall (Durkin, 2014). En los manuscritos conservados del inglés antiguo se identifican aproximadamente 150 palabras de origen nórdico, aunque se estima que muchas más formaron parte del habla cotidiana y se integraron gradualmente a los textos escritos en siglos posteriores.
Por otro lado, aunque el francés es una lengua romance con una base predominantemente latina, la influencia germánica también desempeñó un papel relevante, especialmente en el francés antiguo. Antes de la conquista romana, el territorio que hoy conocemos como Francia estaba habitado por tribus celtas que hablaban galo. Tras la dominación romana, el latín vulgar se impuso progresivamente como lengua principal. Sin embargo, con la caída del Imperio romano y la llegada de los francos, un pueblo germánico, el latín hablado en la región comenzó a transformarse al incorporar rasgos fonéticos y prosódicos germánicos (Posner, 1996).
Entre los siglos VI y IX d.C. pueden identificarse los primeros registros de una nueva lengua surgida de la fusión entre el latín vulgar y elementos germánicos, la cual evolucionaría hasta convertirse en el francés. Esta influencia se manifestó especialmente en el ámbito fonético, obligando a adaptar la escritura para representar sonidos inexistentes en el latín, como los fonemas /œ/ en fleur y /ø/ en nœud. Asimismo, la nasalización, uno de los rasgos más distintivos del francés moderno, se consolidó durante este periodo y se reflejó gráficamente mediante el uso de la n o m en posición final de sílaba (Pope, 1952). Aunque suele asumirse que la cercanía geográfica entre Francia y Alemania implicó una fuerte influencia léxica directa del alemán en el francés, en realidad dicha influencia fue limitada, en parte debido al poder político y militar de los reinos francos, lo que redujo la penetración lingüística de otros pueblos germánicos en épocas posteriores.

Esperamos que este artículo haya sido de tu agrado.
¡Estaremos compartiendo una segunda parte pronto!
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Referencias:
Baugh, A. C., & Cable, T. (2013). A history of the English language (6th ed.). Routledge. Crystal, D. (2019). The Cambridge encyclopedia of the English language (3rd ed.).
Cambridge University Press.
Durkin, P. (2014). Borrowed words: A history of loanwords in English. Oxford University Press.
Pope, M. K. (1952). From Latin to modern French with especial consideration of Anglo-Norman. Manchester University Press.
Posner, R. (1996). The romance languages. Cambridge University Press.




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