Niños traductores: inestabilidad emocional
- Perito Traductor

- hace 2 horas
- 5 Min. de lectura
Por: Valeria Largaespada
La migración transforma de manera profunda la estructura familiar y redistribuye los roles que tradicionalmente corresponden a los adultos. Entre estos cambios uno de los fenómenos más frecuentes y menos visibles es el de los niños que asumen el papel de traductores e intérpretes para sus padres en contextos cotidianos. Esta práctica conocida en la literatura académica como language brokering y ocurre cuando los hijos median lingüísticamente entre la lengua de origen de la familia y la lengua del país receptor convirtiéndose en el puente entre el hogar y la sociedad. Aunque a primera vista puede parecer una habilidad positiva o incluso una muestra de madurez temprana esta función conlleva una carga emocional significativa y una serie de responsabilidades invisibles que impactan el desarrollo psicológico emocional y social de los menores y en este artículo de CONNECTIN, un equipo de traductores profesionales del inglés, francés y alemán, vamos a explicar con mayor detalle este tema de relevancia, especialmente para las familias migrantes.

En muchos contextos migratorios los padres enfrentan barreras lingüísticas que los limitan a acceso a servicios de salud, educación, empleo y trámites legales. Ante esta dificultad los hijos que adquieren con mayor rapidez la lengua del entorno escolar se convierten en intérpretes informales en citas médicas, reuniones, escolares, entrevistas, laborales y gestiones administrativas. Esta inversión de roles altera la jerarquía familiar tradicional y coloca al niño en una posición de poder comunicativo que no siempre está acompañado de la madurez emocional necesaria para manejar la información que transmite. En estos escenarios los menores no solo traducen las palabras sino que filtran, explican, suavizan u omiten mensajes dependiendo de lo que consideran apropiado para proteger a sus padres o a sí mismos, lo cual, añade una dimensión emocional compleja al acto de traducir.
La carga emocional asociada al language brokering se manifiesta de múltiples formas. Los niños pueden experimentar ansiedad al sentir que son responsables de que la información sea correcta, miedo a cometer errores que tengan consecuencias graves y culpa cuando perciben que una mala traducción puede afectar a su familia. Además, al estar expuestos a contenidos que exceden su comprensión emocional como diagnósticos médicos problemas financieros o conflictos legales los menores se ven obligados a procesar preocupaciones adultas a edades tempranas, Esta exposición prematura puede generar estrés crónico, hipervigilancia emocional y una sensación constante de responsabilidad por el bienestar familiar. Estudios en psicología del desarrollo señalan que cuando los niños asumen roles parentales de manera sostenida pueden presentar dificultades en la regulación emocional y en la construcción de límites saludables en sus relaciones futuras.
También te puede interesar:
y
Otro aspecto relevante es la invisibilidad social de esta responsabilidad. En la mayoría de los contextos institucionales se normaliza que los niños traduzcan para sus padres sin cuestionar el impacto que esto tiene en su bienestar emocional. La falta de intérpretes profesionales en escuelas, hospitales y oficinas gubernamentales refuerza esta práctica y coloca a los menores en situaciones para las que no están preparados ni protegidos legalmente. Esta normalización invisibiliza la carga que asumen y transmite el mensaje implícito de que su función es necesaria e inevitable lo que dificulta que los niños expresen cansancio rechazo o incomodidad frente a esta tarea.

Desde el punto de vista identitario, el rol de traductor también influye en la construcción del «yo» de los niños migrantes. Al convertirse en mediadores culturales desarrollan una conciencia temprana de las diferencias entre la cultura de origen y la cultura de acogida, lo cual puede enriquecer su competencia intercultural pero también generar conflictos internos. Muchos niños sienten que pertenecen a ambos mundos y a ninguno al mismo tiempo, ya que, en casa son vistos como expertos lingüísticos mientras que en la sociedad mayoritaria siguen siendo percibidos como extranjeros. Este doble posicionamiento puede provocar sentimientos de ambivalencia, vergüenza por el acento o la lengua de los padres y presión por adaptarse rápidamente al entorno dominante.
La escuela desempeña un papel central en este proceso. Para muchos niños el aprendizaje de la lengua del país receptor ocurre en un contexto de expectativas elevadas donde se espera que actúen como intermediarios eficaces para sus familias. Sin embargo, pocas instituciones educativas ofrecen espacios para reflexionar sobre esta experiencia o brindar apoyo emocional para los alumnos que asumen este rol. La falta de reconocimiento institucional refuerza la idea de que la traducción familiar es una extensión natural de sus habilidades lingüísticas y no una responsabilidad adicional que requiere acompañamiento psicológico y pedagógico.
Es importante señalar que el language brokering no es una experiencia homogénea. Algunos estudios muestran que en ciertos contextos los niños pueden desarrollar autoestima, sentido de competencia y orgullo por ayudar a sus familias. No obstante, estos posibles beneficios no eliminan la necesidad de reconocer y mitigar los riesgos asociados especialmente cuando la responsabilidad es constante involucra temas sensibles o se extiende durante largos periodos de la infancia y adolescencia. La diferencia radica en el apoyo disponible la voluntariedad de la tarea y el reconocimiento explícito de los límites emocionales del menor.
Desde una perspectiva ética y de derechos de la infancia resulta fundamental cuestionar las estructuras que perpetúan esta práctica sin ofrecer alternativas. La provisión de intérpretes profesionales en servicios públicos no solo garantiza una comunicación más precisa sino que protege a los niños de cargas emocionales inapropiadas. Asimismo, es necesario sensibilizar a padres, a educadores y a profesionales sobre los efectos psicológicos de esta dinámica promoviendo estrategias que reduzcan la dependencia de los hijos como mediadores lingüísticos.

Reconocer a los niños que traducen para sus padres implica visibilizar una forma de trabajo emocional no remunerado que sostiene a muchas familias migrantes en silencio. Al hacerlo se abre la posibilidad de construir entornos más justos donde el aprendizaje de una nueva lengua no recaiga sobre los hombros de quienes aún están en proceso de crecer. Comprender esta realidad es un paso esencial para diseñar políticas educativas sociales y de salud que respeten el bienestar integral de la infancia migrante y reconozcan que traducir una vida entera no debería ser tarea de los niños.
Referencias:
American Psychological Association. (2023). Parentification. En APA dictionary of psychology.
Cummins, J. (2001). Language, power and pedagogy: Bilingual children in the crossfire. Multilingual Matters.
Hall, N., Sham, S., & Lai, Q. (2017). Language brokering as young people’s work: Evidence from Chinese adolescents in England. Journal of Multilingual and Multicultural Development, 38(6), 481–494. https://doi.org/10.1080/01434632.2016.1213841
Orellana, M. F. (2009). Translating childhoods: Immigrant youth, language, and culture. Rutgers University Press.
Schwartz, S. J., Unger, J. B., Zamboanga, B. L., & Szapocznik, J. (2010). Rethinking the concept of acculturation. American Psychologist, 65(4), 237–251. https://doi.org/10.1037/a0019330
Weisskirch, R. S. (2013). Family relationships, self-esteem, and acculturation in Latino adolescents. Journal of Child and Family Studies, 22(5), 722–733. https://doi.org/10.1007/s10826-012-9623-1




Comentarios